lunes, 17 de septiembre de 2012

LA VICTORIA NACIONAL. UN LIBRO MUY INTERESANTE. Jorge Álvarez.



Acaba de aparecer en las librerías españolas “La victoria nacional”[1], interesantísimo ensayo escrito por el historiador norteamericano Michael Seidman, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Carolina del Norte Wilmington.
El profesor Seidman ha hecho un estudio pormenorizado y fenomenalmente documentado de las políticas implementadas por los nacionales en las zonas bajo su control. Y al mismo tiempo ha efectuado un análisis comparativo entre estas políticas y las que aplicaron en circunstancias similares los anticomunistas rusos y chinos (y también las que aplicó su enemigo, el gobierno de la 2ª República). A diferencia de lo que ocurrió en las guerras civiles de Rusia y China, en España las fuerzas anticomunistas se alzaron con la victoria. Seidman llega a la conclusión de que la victoria nacional en la guerra de España se debió en gran medida a una gran eficacia en la gestión política y económica de su retaguardia.

El libro no va a gustar nada a los historiadores “chequistas” españoles y extranjeros (Viñas, Reig Tapia, Santos Juliá, Preston…). Seidman afirma:
 “Franco fue el contrarrevolucionario con más éxito del siglo XX y demostró ser más competente que Chiang Kai-Shek en China, o Anton Denikin, Piotr Wrangel o Aleksander Kolchak en Rusia”.
Los historiadores “chequistas” siempre han defendido que Franco fue un mediocre, un personaje gris sin grandes méritos y que la derrota de los republicanos en la guerra se debió fundamentalmente a la desproporcionada ayuda que Franco recibió de Hitler y Mussolini y al abandono que sufrió el gobierno de la república por parte de las democracias. Para Seidman, la ayuda extranjera no fue en absoluto determinante pero si lo fue, en cambio, la forma en la que los nacionales gestionaron los recursos de las zonas que iban ocupando. Explica con detalle cómo durante sus guerras civiles los rusos blancos y el Kuomintang chino fueron incapaces de implementar políticas racionales en las zonas que controlaban. En las retaguardias de los contrarrevolucionarios rusos y chinos la corrupción se generalizaba, los saqueos y las requisas generaban un descontento creciente, la inflación se disparaba y la economía se hundía. En gran medida, según Seidman, el descontento de la población sometida a la autoridad de los anticomunistas rusos y chinos facilitó el triunfo de Lenin y de Mao. Por ejemplo, según el profesor Seidman:
“El mantenimiento de los precios del trigo agradó a la base rural de su zona, cuyo centro eran las regiones cerealistas de la Península. Los nacionales impulsaron políticas saludables de cría de ganado, que les permitieron suministrar carne y animales de carga a sus tropas y a la población civil. Estas prácticas, más que un legado en recursos naturales, explican su superioridad en este esfuerzo crucial.”
“Los franquistas ofrecieron generosos incentivos a la industria pesquera, que fue capaz de suministrar a los soldados cantidades masivas de sardinas en lata y mariscos en conserva. Los incentivos monetarios para pescadores y agricultores habrían sido ineficaces sin una moneda sólida y, comparados con otros contrarrevolucionarios del siglo XX, los franquistas fueron excepcionalmente hábiles a la hora de estabilizar la moneda y cobrar impuestos. Estos últimos - como las expropiaciones de bienes por parte de los izquierdistas - proporcionaron el grueso de los fondos que financiaron el esfuerzo de guerra. Los sacrificios financieros de los hacendados distinguieron, una vez más a los reaccionarios españoles de sus homólogos rusos y chinos. El sector industrial funcionó con eficacia, al igual que la salud pública y en particular el servicio postal.”
Para el profesor Seidman la gestión y la administración eficaz de los recursos en la zona Nacional resultó determinante, porque no ignora y relata con detalle, cómo al empezar la contienda, los alzados controlaban un territorio más pequeño, más pobre y menos poblado que el gobierno de la República, que controlaba las principales ciudades con el 60 por ciento de la población y el 80 por ciento de la industria.
Lo más curioso, es que el profesor Seidman, como casi todos los intelectuales judíos americanos, es un hombre de profundas convicciones democráticas y de tendencias “progresistas”. En su libro, cuenta con objetividad cómo los nacionales - a los que llama casi siempre contrarrevolucionarios o reaccionarios - fueron eficaces gestores, muy superiores a sus homólogos rusos y chinos, pero también a sus enemigos españoles del Frente Popular, que, controlando las zonas más ricas de España al comienzo de la guerra,  fueron incapaces de evitar el desabastecimiento y el hambre y provocaron un caos económico que en gran medida colapsó su esfuerzo de guerra. Sin embargo, en todo momento a lo largo de su ensayo, Seidman muestra una indisimulada simpatía ideológica por los republicanos. Realmente lamenta que no estuviesen a la altura de sus enemigos a la hora de coordinar con más eficacia su gestión política durante la guerra. A los historiadores “chequistas” les hubiese gustado poder descalificar este ensayo con su técnica habitual, tildando al autor de fascista, franquista o reaccionario.
Pero no podrán hacerlo…¿o sí?



[1] Michael Seidman, La Victoria Nacional. La eficacia contrarrevolucionaria en la guerra civil, Alianza Editorial, 2012.

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